Disparo 34
En la vida adulta, el cuerpo a menudo se reduce al papel de una herramienta. Tiene que trabajar, aguantar, adaptarse a planes y calendarios. Mientras tanto, el cuerpo registra experiencias más rápido de lo que se piensa: tensiones, miedos, inseguridad. Cuando ignoramos estas señales, no desaparecen. Cambian de forma: en rigidez, fatiga, entumecimiento. El cuerpo no se rebela sin motivo: se comunica.
¿Escuchas más a tu cuerpo o le das órdenes?
¿Cómo te sientes cuando tu cuerpo no "coopera"?
¿Le permites hablar antes de que el dolor o el cansancio se apoderen de su voz?
Deténgase ante la primera señal de malestar, no ante la última. En lugar de preguntar "¿cómo soluciono esto?", pregunte "¿qué intenta decirme esto?". El contacto con el cuerpo comienza con la atención plena, no con el control. Cuando dejas de gestionarlo, puedes empezar a comprenderlo.