La incertidumbre como puerta

La incertidumbre no te permite salir a la carretera con los ojos cerrados.

La incertidumbre puede resultar agotadora porque parece quitarnos el apoyo, o al menos así lo sentimos.

A uno le gustaría saberlo todo antes de hacer cualquier cosa o en cualquier lugar, pero hay puertas que se abren cuando no hay una garantía total.

La incertidumbre puede detener el movimiento durante mucho tiempo.

La mente entonces intenta anticipar cada giro, cada tropiezo y cada pérdida porque simplemente quiere protegernos del dolor, pero a veces también nos protege de la experiencia.

En ese momento, la falta de certeza empieza a parecer una prohibición, ¿o tal vez es sólo una invitación a tener más cuidado?

No todas las decisiones pueden esperar a una claridad perfecta y, a veces, hay que abordar algo con conocimiento parcial (o incluso nulo) y con las manos abiertas.

No es imprudente estar presente aquí.

Esta aceptación de que la vida rara vez revela todo a la vez nos enseña a caminar sin la ilusión de un control total, porque el control es sólo un estado mental en el que nos sentimos más seguros.

En la incertidumbre aparece la verdad sobre la confianza, pero no necesariamente en el mundo, porque el mundo es cambiante, sino en la propia capacidad de reaccionar, aprender y regresar.

La puerta de la incertidumbre generalmente no conduce a un lugar fácil, pero a menudo conduce a un lugar donde una persona deja de fingir y comienza a experimentar y vivir.

¿Cuándo fue la última vez que emprendió algo sin tener total certeza de éxito?