El peso de las palabras no dichas

El silencio también puede tener peso. Especialmente cuando pretendemos ser ligeros durante mucho tiempo.

Hay palabras que se quedan en la garganta durante tanto tiempo que empiezan a sentirse como piedras.

Sigues usándolos y duelen cada vez más.

Sin embargo, el cuerpo siente que algo no está dicho, inconcluso, quedando en un estrés cada vez mayor.

Las palabras no dichas no desaparecen sólo porque no se les da el derecho a ser escuchadas.

A menudo se sumergen en la tensión, el cansancio, una extraña distancia del mundo y el silencio, acumulando así su energía.

Una persona puede funcionar correctamente, responder, sonreír y simplemente "hacer lo suyo".

Sin embargo, en el fondo hay una conversación que nunca llegó a buen término y que puede requerir la mayor fuerza.

A veces el silencio es necesario para protegerse contra el caos, pero también puede ser un refugio al que le falta aire con el tiempo.

No es necesario decir todas las palabras a la vez, y no todas las verdades necesitan una audiencia cuando se notan.

Sin embargo, existe una diferencia entre estar tranquilo y congelado.

El corazón suele reconocer la diferencia antes que la lengua.

A veces la primera expresión no se produce delante de otra persona, sino en un cuaderno, en una habitación vacía, en una frase susurrada sin destinatario, en la ansiedad vespertina.

Este también puede ser el comienzo de la liberación de la carga, y las palabras no tienen que reparar inmediatamente el mundo para que deje de destruirnos desde adentro, porque solo necesitan encontrar un lugar seguro donde ya no finjamos que no existen.

¿Qué precio paga tu interior por la paz exterior construida sobre el silencio?